David Chic. 26 de mayo de 2026
El balcón de San Lázaro de
Zaragoza cumple veinte años de reformas, cambios, adaptaciones y quebraderos de
cabeza. El que se ha convertido en uno de los miradores más populares de
Zaragoza dejó en su día insatisfechos a los vecinos que esperaban ganar un
amplio espacio peatonal para el acceso del barrio del Arrabal. Por el camino se
recuperaron unos restos arqueológicos y se cambió la circulación por la margen
izquierda del Ebro.
El presidente de la asociación de
vecinos Tío Jorge, Rafael Tejedor, asume que cualquier parecido entre el
proyecto original del balcón de San Lázaro cuando lo presentaron hace dos
décadas y lo que se puede disfrutar en la actualidad es "pura coincidencia".
De hecho, en aquel año 2006 se planteó un ambicioso plan para soterrar por
completo el tráfico rodado a través de tres túneles. Eran los años previos a la
Expo y la crisis económica todavía estaba lejana. Las ideas se diseñaban a lo
grande.
De aquella propuesta, que
planteaba tres túneles que discurrirían bajo el Arrabal procedentes desde la
avenida de Cataluña, el paseo de la Ribera y la calle Sobrarbe, hubieran
relegado todo el tráfico de conexiones de la ciudad por debajo de la superficie.
De este modo, la parte superior quedaría libre como una gran plataforma
peatonal que conectaría directamente la explanada de la estación del Norte con
el puente de Piedra, dando una continuidad peatonal total hasta la plaza del
Pilar. "Hubiera sido una transformación radical, pero pronto comenzaron
los problemas", reconoce Tejedor.
Los cambios de diseño entre 2006
y 2009 fueron políticos, pero también económicos y arqueológicos. Al comenzar
las excavaciones en la calle Sobrarbe, los operarios se toparon con los restos
del pretil del puente de Piedra y, al adentrarse en la zona de San Lázaro,
emergieron las ruinas del antiguo convento de San Lázaro. Por ese motivo, según
recuerda Tejedor, la posibilidad de soterrar el tráfico se volvió técnicamente
inviable y el túnel de avenida Cataluña ni se llegó a intentar. "Esto
desató un auténtico cisma político y vecinal en medio de todas las obras de la
Expo", explica.
Con el alcalde socialista Juan
Alberto Belloch al frente de la casa consistorial, una gran parte de las calles
del barrio del Arrabal se encontraban en obras, con un antiguo túnel
ferroviario demolido y desvíos de autobuses urbanos "tan complejos"
que tenían que "comerse las esquinas" de las calles para poder girar.
"Fue una oportunidad perdida pues seguimos conviviendo con los coches en
un complejo nudo de movilidad", señalan.
La inauguración del nuevo balcón
de San Lázaro se realizó en noviembre de 2009 tras tres años de obras,
modificaciones presupuestarias y tensiones en la Junta de Distrito. De esta
forma, el tramo que conecta el paseo de la Ribera con la calle Sobrarbe se
convirtió en el espacio con limitación de velocidad a 10 km/h más largo de todo
el continente al tiempo que se creaba una zona de fuentes de chorros de agua
(llamada la niebla del Ebro) que ofrece una de las mejores zonas para tomar
fotos de la Zaragoza histórica y el paso del río.
También existe una cubierta vegetal equipada con juegos infantiles y bancos pensados para el descanso de los mayores y se ha ganado una zona musealizada con sus propias complicaciones logísticas y administrativas. Al comenzar las obras era sabido que en la orilla izquierda del Ebro existieron dos antiguos conventos. Con ocho siglos de antigüedad, los recintos acogieron a lo largo de su historia un hospital de leprosos, fueron un elemento defensivo durante el sitio francés de la capital aragonesa, almacén de grano, cárcel, y finalmente el Cuartel de San Lázaro, que se derribó hace casi 50 años.
Con los primeros movimientos de
tierras, la comisión provincial de Patrimonio determinó que los restos del
convento primigenio debían ser protegidos y abiertos al público, cubriéndose
con la actual estructura de hormigón y lamas de madera. El nuevo museo se abrió
en 2010 pero solo dos años después el Ayuntamiento de Zaragoza ordenó su cierre
debido a los elevados costes de personal y seguridad y al poco interés
ciudadano por la visita.
Posteriormente, bajo el gobierno
de Zaragoza en Común (ZeC), la asociación de vecinos del Arrabal ofreció un
grupo de guías voluntarios para abrir y enseñar el centro a coste cero para el
municipio, algo que consolidó un atractivo local casi secreto que fue truncado
de nuevo por el largo cierre obligado por la pandemia. De hecho, no fue hasta
el año pasado cuando , tras un largo proceso de reclamación vecinal, según
incide Tejedor, el consistorio acometió unas necesarias obras de consolidación
y limpieza.
La inversión fue elevada porque
el desuso y la falta de aislamiento frente al polvo deterioraron los frágiles
restos arqueológicos que realmente no estaban bien protegidos con la estructura
diseñada inicialmente, sin embargo desde el pasado mes de septiembre vuelve a
ser visitable, de nuevo con una gestión vecinal directa.
Visitas guiadas
"Las jornadas de apertura
están siendo un rotundo éxito de público, registrando aforos completos cada fin
de semana", explica Tejedor, que señala que además de hablar de los
conventos (el que da nombre al balcón y el de Altabás) los grupos reciben
información sobre el entorno del puente de Piedra y su historia, con sus
correspondientes anécdotas sobre el pozo de San Lázaro, tan profundo que cabe
en su interior un autobús.
Las visitas guiadas se realizan
todos los primeros sábados de mes, de 11.00 a 13.00 horas, teniendo su próxima
cita programada para el sábado 6 de junio. El acceso es completamente libre y
no requiere inscripción previa, aunque debido a motivos de seguridad y
evacuación, el recinto cuenta con un aforo máximo simultáneo de 20 personas,
logrando atender a un total de entre 80 y 100 visitantes a lo largo de las
mañanas de apertura.

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